La arqueologÃa es, en parte, el descubrimiento de los tesoros del pasado, el trabajo meticuloso del analista cientÃfico y el ejercicio de la imaginación creativa. Es fatigarse bajo el sol en una excavación en el desierto de Irak, y trabajar con Esquimales en las nieves de Alaska. Es sumergirse en busca de navÃos españoles hundidos en la costa de Florida, e investigar en las cloacas del York romano. Pero es también la tarea esmerada de interpretación que nos permite entender qué significaron estas cosas en la historia de la humanidad. (Renfrew y Bahn, 1993: ArqueologÃa, TeorÃas, Métodos, y Práctica).
El trabajo de los historiadores que utilizan para su investigación el método arqueológico, llámense arqueólogos o prehistoriadores o realicen estudios de prospección o excavación, tiene un fuerte enraizamiento en nuestra provincia, algo a lo que el Instituto nunca ha sido ajeno, hasta el punto de convertirse en un importante vehÃculo para la transmisión del conocimiento generado. Por ello, desde el mismo momento de constitución del I.E.A., ha habido una sección especÃfica que canaliza esta inquietud investigadora y la traduce en ayudas a la investigación, en el Premio de ArqueologÃa "JoaquÃn Sánchez Jiménez" o en la publicación de numerosos artÃculos y monografÃas sobre temas arqueológicos provinciales.
Los investigadores se abrasan al sol (aunque no sea el iraquÃ) o se congelan (aunque no sea Alaska), y todo para permitirnos conocer, por ejemplo, cómo es el arte rupestre provincial (un corpus bastante completo publicado en su mayor parte por el I.E.A.), o para que sepamos cual fue la historia de yacimientos tan importantes como el Tolmo de Minateda (HellÃn), que ha generado ya varias monografÃas publicadas por nuestro Instituto. También ha sido el lugar donde han visto la luz materiales del Museo de Albacete (epigrafÃa, fÃbulas, bronces...), fruto de los esfuerzos de los que nos precedieron o donde, en forma de coediciones con otras instituciones como el CSIC (como la reciente sobre el poblamiento durante la Edad del Bronce) o la Real Academia de la Historia (La necrópolis de Pozo Moro), se da a conocer esa gran riqueza arqueológica.
Una disciplina pujante debe tener justa correspondencia en una sección que goce de buena salud, por ello animamos a todos a participar, a estudiar, y a publicar para dar a conocer ese pasado común que nos une. |